28/4/12

Chapter 2.

Al salir del instituto todo había cambiado. Le había vuelto a perdonar y salíamos de la mano escaleras abajo. Viernes. Por fin libre, tenía cuatro días de fiesta. Bendita España y sus puentes. El ambiente familiar consiguió cambiarme un poco el semblante. Mi hermana y mi madre se hallaban en la cocina, mi padre me había recogido en coche por lo que seguiría en el salón, y mi hermano estaba en su cuarto, como todas las mañanas que llegaba del instituto. Era todo una rutina continua, pero no me preguntéis por qué, a mi no me lo parecía. Cada día era distinto. Entras por la puerta y puede oler a filetes y a sopa, a crema y alas de pollo, a pasta con bechamel o a potingues varios. Pero esto es solo el principio del día a día en mi casa.
Un día mi hermano está disgustado por algún examen, otro día mi hermana no come en casa, otras veces están todos de morros y no alcanzo a saber por qué hasta bien entrada la tarde, pero el esquema va a ser siempre el mismo a la hora de sentarse a comer:
Hermano: Comentarios ingeniosos, siempre.
Hermana: Inconformista, en todos los sentidos y para todas las opiniones.
Madre: Psicóloga en prácticas 24/7.
Padre: Calla, escucha y come. (La opción más inteligente de todas)
Yo: Contradecir, cabrear a los de mi alrededor y poco más.
He aquí la razón por la que rezo para que sea un día normal en mi casa cada vez que alguno de mis amigos, o él, vienen a comer.
Después de estar casi una hora en el salón saciando el hambre de toda la mañana, subo a mi habitación. De ella no hay queja aparente, es grande, espaciosa, con televisión (aunque no muy moderna), un ordenador, un piano decente y una mesa alargada. Aquí es donde paso todo el día restante, pero solo los días de diario. Viernes, sábados y domingos es como si no viviera aquí. Voy y vengo, me llevan y me traen, pero siempre en un mismo destino y dirección; su casa. Pero eso, es otra historia.
Me senté en la cama y me entraron ganas de dormir de nuevo, normalmente me iba a dormir a las doce y media y me levantaba a las siete y media, por lo que mi organismo desprendía mas hormonas del sueño de las que me gustaría. Diez minutos después estaba dormida, pero no estaba sola, James Bale estaba conmigo, en mi cabeza, en mis sueños, donde quiera que fuere, estaba conmigo, y yo lo sabía.

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