13/12/15

Sé que no está bien, nada de lo que hago. No está bien que me encierre durante horas escuchando música deprimente y que llore algo que no tiene solución, pero me cuesta acostumbrarme a esto. Me cuesta acostumbrarme a ti, a tus brazos, a tus besos y a tener que dejarlos ir constantemente porque nuestros caminos se cruzaron demasiado tarde...
Siento necesitarte, o quizás no lo siento, pero supongo que es lo que necesitas leer ahora mismo. No puedo evitarlo, ¿de acuerdo?
Cuando se me acerca la simple posibilidad de tener cerca a la persona que llevo tantísimo tiempo añorando la necesito a mi lado, sin importar absolutamente nada, lucho por lo que quiero constantemente y es inútil algunas veces, pero otras veces... Funciona. Y contigo funcionó.
No me rendí, nunca me he dado por vencida, pero supongo que es lo que tengo que hacer poco a poco, dejar ir las cosas que más me importan por el bien de absolutamente todo lo que me rodea...
Me gustaría pasarme el día mano a mano contigo, sin que hubiese un camino por el que caminar o una meta a la que llegar, sin que importase absolutamente nada excepto nosotros.
Entiendo lo estúpido que suena y lo paranoica que estoy, pero también hace muchos años que dejé de buscarle una explicación a por qué todo esto se me viene a la cabeza, de por qué solo tengo ganas de escuchar una canción de forma repetida durante una tarde entera y no tengo ganas de hacer absolutamente nada más que sentarme aquí y esperar a que... Alguien me salve.
Y vuelvo a sonar ridícula. Y voy a dejar de escribir.

23/9/15

Mi efímero sueño.

Tú me enseñaste que los ojos esconden algo más que lo que podemos llegar a ver. El alma habita dentro de ellos, y bien puedo saberlo, ahora que ya no veo el alma que me dejabas ver cuando solo éramos extraños. Extraños que parecían conocerse, que creían amarse, que ansiaban tenerse y que al encontrarse realmente, se distanciaron, como si de dos cargas positivas se tratase, como si de Sol y Luna estuviésemos hablando. Distantes y distintos, fuimos un eclipse que nos pareció hermoso, que se encontró vergonzosamente, que llegó a su plenitud total y que después, efimeramente, se distanció para no volver a cruzar sus caminos.
Eres tú, mi efímero sueño, al que le debo la forma de ver la vida que me ha enseñado, al que le ruego cada noche que vuelva en silencio, sin que él lo sepa, sin que necesite saberlo.
Eres tú, mi efímero sueño, el que me ha marcado y me ha hecho temblar de miedo porque al irse, todo lo que quedaba de mí, decidió llevárselo.
Eres tú, mi efímero sueño, como la efímera esperanza de que vuelva a dormirme para poder sumergirme en tu cuento, y que me hables de amor y de tiempos en los que ambos conocimos entero su esencia, para después derrumbarnos de nuevo.
Mi efímero sueño, nunca quise perderte, a pesar de lo inevitable que dijiste que sería, me aferré a la posibilidad de que me querías y que eso nadie podría romperlo.
Mi efímero sueño, alma mía, elige bien tus caminos, cuida bien tus aventuras, no me olvides, nunca, si llegas a separarte de mí, recuerda que algún día, volveremos a encontrarnos en la Luna.

24/6/15

And the story goes on...

Mis manos se apretaban entre sí por encima de mi vientre con fuerza, buscaban la suya, le había abandonado durante mucho tiempo como quien guarda un juguete en un baúl. Sabía que le había ofendido, que enterrar su historia era lo último que debía hacer, pero se hacen muchas locuras por amor... Estoy segura de que eso sí podría entenderlo.
Llegaba tarde. Le estaba esperando desde hacía horas y le esperaría toda la vida si fuese necesario para que me perdonase por la locura que había cometido apartandole de mi vida. Su mano tocó mi hombro suavemente, como quien acaricia una muñeca de porcelana esperando que cualquier movimiento brusco pudiese ocasionar una grieta en su piel blanca como los rayos de la Luna, aquellos de los que había dejado de hablar durante tanto tiempo.
Di la vuelta sobre mi misma y contemplé su rostro, decepcionado y a la vez hermoso, tan hermoso como la persona por la que le había dejado marchar. No merecía la pena dejarle ir, era el único que siempre había estado ahí, y lo sabía. Eso nunca iba a cambiar.
- James... - Apenas me quedó aliento para pronunciar su nombre antes de empezar a derramar lágrimas, una tras otra, cayendo sobre mis mejillas y colándose por la comisura de mis labios para hacerse paso por mi cuerpo. La vida no tenía sentido sin él, sin sus abrazos, sin sus caricias nocturnas, sin sus besos, sin sus consejos, sin todo lo que me había aportado con el paso de los años sin esperar nada a cambio ni fallarme nunca. Ahora tampoco lo hizo.
Se acercó a mí y me abrazó de una manera tan cálida que mis sentidos solo podían concentrarse en él, dejé de llorar para poder escuchar mejor como su corazón, seguro y fuerte, palpitaba por y para mí. Me calmó solo con su presencia, no hizo falta nada más. Todo mi cuerpo se relajó y me dejé caer en sus brazos porque sabía que me sujetaría, siempre lo había hecho. - Lo siento... - Me sujetó la barbilla con dos dedos de una mano firmemente, alzó mi mirada hacia la suya y me besó.
No dijo nada, no hizo falta. Aquellos besos eran tan mágicos como necesarios para mi vida. No podía vivir sin sentir sus labios pegados a los míos, sin sus manos rodeando mi cintura y acercandola a su cuerpo, siempre cálido.
Solo se apartó para decirme tres palabras que lo cambiarían todo.
- Te amo, Dánae.