24/6/15

And the story goes on...

Mis manos se apretaban entre sí por encima de mi vientre con fuerza, buscaban la suya, le había abandonado durante mucho tiempo como quien guarda un juguete en un baúl. Sabía que le había ofendido, que enterrar su historia era lo último que debía hacer, pero se hacen muchas locuras por amor... Estoy segura de que eso sí podría entenderlo.
Llegaba tarde. Le estaba esperando desde hacía horas y le esperaría toda la vida si fuese necesario para que me perdonase por la locura que había cometido apartandole de mi vida. Su mano tocó mi hombro suavemente, como quien acaricia una muñeca de porcelana esperando que cualquier movimiento brusco pudiese ocasionar una grieta en su piel blanca como los rayos de la Luna, aquellos de los que había dejado de hablar durante tanto tiempo.
Di la vuelta sobre mi misma y contemplé su rostro, decepcionado y a la vez hermoso, tan hermoso como la persona por la que le había dejado marchar. No merecía la pena dejarle ir, era el único que siempre había estado ahí, y lo sabía. Eso nunca iba a cambiar.
- James... - Apenas me quedó aliento para pronunciar su nombre antes de empezar a derramar lágrimas, una tras otra, cayendo sobre mis mejillas y colándose por la comisura de mis labios para hacerse paso por mi cuerpo. La vida no tenía sentido sin él, sin sus abrazos, sin sus caricias nocturnas, sin sus besos, sin sus consejos, sin todo lo que me había aportado con el paso de los años sin esperar nada a cambio ni fallarme nunca. Ahora tampoco lo hizo.
Se acercó a mí y me abrazó de una manera tan cálida que mis sentidos solo podían concentrarse en él, dejé de llorar para poder escuchar mejor como su corazón, seguro y fuerte, palpitaba por y para mí. Me calmó solo con su presencia, no hizo falta nada más. Todo mi cuerpo se relajó y me dejé caer en sus brazos porque sabía que me sujetaría, siempre lo había hecho. - Lo siento... - Me sujetó la barbilla con dos dedos de una mano firmemente, alzó mi mirada hacia la suya y me besó.
No dijo nada, no hizo falta. Aquellos besos eran tan mágicos como necesarios para mi vida. No podía vivir sin sentir sus labios pegados a los míos, sin sus manos rodeando mi cintura y acercandola a su cuerpo, siempre cálido.
Solo se apartó para decirme tres palabras que lo cambiarían todo.
- Te amo, Dánae. 

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