Cuando estoy con él es todo... completamente indescriptible. Mi boca se seca, mis manos empiezan a enfriarse y las palabras empiezan a desvanecerse, sin llegar nunca a ser pronunciadas. Me pierdo, joder, me pierdo en sus ojos verdes, esos que esconden un infinito maravilloso en el que quiero perderme para siempre. No existe nada más cuando está conmigo, cuando me mira como si fuese a leerme los pensamientos y a descifrar mis historias, como si no existiese otra forma de comunicarse conmigo y sus ojos hablasen todo lo que su boca calla. Y me observa, inocente, con una media sonrisa. Y siento que me desvanezco, haciéndome pequeña mientras mi barriga es cobijo de mariposas revoloteantes.
Él me dijo que los sentimientos no pueden explicarse con palabras, que son algo tan grande que no puedes trasladarlo al papel en toda su plenitud. Tiene razón, no puedo, pero al menos tengo que intentarlo. Porque os juro que no os podéis imaginar como me hace sentir cuando aprieta su mano en mi pierna, cuando se acerca para besarme y se queda a milímetros de mi boca riendo, con esa seguridad de tenerlo todo controlado, o al menos aparentarlo.
Es maravilloso, y no puedo permitirme perder algo tan valioso como lo que siento cuando estoy con él.
Él me dijo que los sentimientos no pueden explicarse con palabras, que son algo tan grande que no puedes trasladarlo al papel en toda su plenitud. Tiene razón, no puedo, pero al menos tengo que intentarlo. Porque os juro que no os podéis imaginar como me hace sentir cuando aprieta su mano en mi pierna, cuando se acerca para besarme y se queda a milímetros de mi boca riendo, con esa seguridad de tenerlo todo controlado, o al menos aparentarlo.
Es maravilloso, y no puedo permitirme perder algo tan valioso como lo que siento cuando estoy con él.