Un día mi hermano está disgustado por algún examen, otro día mi hermana no come en casa, otras veces están todos de morros y no alcanzo a saber por qué hasta bien entrada la tarde, pero el esquema va a ser siempre el mismo a la hora de sentarse a comer:
Hermano: Comentarios ingeniosos, siempre.
Hermana: Inconformista, en todos los sentidos y para todas las opiniones.
Madre: Psicóloga en prácticas 24/7.
Padre: Calla, escucha y come. (La opción más inteligente de todas)
Yo: Contradecir, cabrear a los de mi alrededor y poco más.
He aquí la razón por la que rezo para que sea un día normal en mi casa cada vez que alguno de mis amigos, o él, vienen a comer.
Después de estar casi una hora en el salón saciando el hambre de toda la mañana, subo a mi habitación. De ella no hay queja aparente, es grande, espaciosa, con televisión (aunque no muy moderna), un ordenador, un piano decente y una mesa alargada. Aquí es donde paso todo el día restante, pero solo los días de diario. Viernes, sábados y domingos es como si no viviera aquí. Voy y vengo, me llevan y me traen, pero siempre en un mismo destino y dirección; su casa. Pero eso, es otra historia.
Me senté en la cama y me entraron ganas de dormir de nuevo, normalmente me iba a dormir a las doce y media y me levantaba a las siete y media, por lo que mi organismo desprendía mas hormonas del sueño de las que me gustaría. Diez minutos después estaba dormida, pero no estaba sola, James Bale estaba conmigo, en mi cabeza, en mis sueños, donde quiera que fuere, estaba conmigo, y yo lo sabía.