Los ciellos lloraban al mismo tiempo que por mis mejillas descendían lágrimas que se me antojaban eternas, cristalinas, puras y dolorosas. Le tenia a mi lado, apenas dos metros de distancia que se convertían en un mundo para mi corazón. Sonó el timbre. Todo acababa de empezar, pero yo aun no lo sabía, o quizás solo huía de pensarlo. Subí las escaleras con decisión, pero al llegar al primer piso me detuve. Una voz me preguntaba el por qué de mis lágrimas, pero no era capaz de hablar. Me decidí por vocalizar un entrecortado ''déjalo'' y crucé la mitad del pasillo, digo la mitad porque en ese momento alguien me agarró de la cintura, me levantó del suelo y me llevó hasta la entrada del pasillo. No veía su cara, pero sabía bien quien era. Cuando por fin me soltó en el suelo y pude apoyarme en su pecho, solo alcancé a recordar que ya había sonado aquel dichoso timbre, y que me prometí que si no venía antes a por mi, hiciera lo que hiciese, no tenia perdón. Al recordarselo me di la vuelta, y esta vez cruce el pasillo entero sin que nadie buscara pararme de nuevo.
Cuando entré a la siguiente clase el profesor no había llegado todavía, me senté y miré por la ventana. Ya no llovía, pero las gotas estaban aun colgando de los arboles igual que el daño seguía en mi corazón, sin intención de salir.
La clase se me hizo eterna, pero pronto sonó de nuevo aquella campana que minutos antes me había separado de él. La siguiente clase sería un poco mas amena. Nos dejaban escuchar música ignorando que los aparatos reproductores en la mayoría de los casos eran móviles. Esta vez decidí mas rápidamente donde pasaría el resto de los cuarenta y cinco minutos restantes. Una mesa en la parte de atrás, penúltima para ser exactos. ¿Que por qué ese sitio y no otro? Porque en la ultima mesa, justo detrás mía estaba el alma de todo, el principio de mi memoria, de mi historia, de todos mis recuerdos. Todo, absolutamente todo empezaba en él. James Bale.
Cuando entré a la siguiente clase el profesor no había llegado todavía, me senté y miré por la ventana. Ya no llovía, pero las gotas estaban aun colgando de los arboles igual que el daño seguía en mi corazón, sin intención de salir.
La clase se me hizo eterna, pero pronto sonó de nuevo aquella campana que minutos antes me había separado de él. La siguiente clase sería un poco mas amena. Nos dejaban escuchar música ignorando que los aparatos reproductores en la mayoría de los casos eran móviles. Esta vez decidí mas rápidamente donde pasaría el resto de los cuarenta y cinco minutos restantes. Una mesa en la parte de atrás, penúltima para ser exactos. ¿Que por qué ese sitio y no otro? Porque en la ultima mesa, justo detrás mía estaba el alma de todo, el principio de mi memoria, de mi historia, de todos mis recuerdos. Todo, absolutamente todo empezaba en él. James Bale.
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